LA SOSPECHA
Por: JOSE FILADELFO MONROY CARRILLO.
Un hombre perdió su hacha; y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho – exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven – idéntica a la de un ladrón. Observó su forma de hablar – igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de Hurto.
Pero mas tarde, encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parecían muy diferentes a los de un ladrón.
Lie Zi.
Hablaremos aquí de la SOSPECHA no como un concepto jurídico o legal que corresponde al Derecho Penal, sino como la actitud humana de predisposición y desconfianza que solemos asumir frente a nuestros congéneres.
La verdad es que vivimos sospechando. Todos los días sospechamos algo o sospechamos de alguien. Aquel está robándose los recursos públicos, esta debe ser la amante de fulano, ese anda en negocios raros, este compañero pasajero de bus o de buseta me está mirando mucho ¿Será un ladrón?
La mayoría de las veces exteriorizamos lo que estamos pensando de algo o de alguien sin efectuar el necesario proceso mental de verificación, sin ahondar en las averiguaciones para estar seguro del juicio que hacemos y de las afirmaciones que pronunciamos. No reparamos en el daño que estamos causando, no nos percatamos del efecto deletéreo de nuestras palabras; muy pocas veces, para infortunio de nuestros amigos y circunstantes, nos controlamos, no alcanzamos a emitir la improvisada sentencia porque encontramos el hacha o porque nos enteramos oportunamente que otro la encontró.
Algunas personas sospechan de todo y de todos escudándose en que los tiempos han cambiado y en que hoy día existen muchos peligros y amenazas provenientes de nuestros semejantes. Claro que los tiempos han cambiado, que la maldad va en aumento, que es creciente la pérdida de los valores morales y éticos; pero esta realidad no puede ser motivo para ver en cada ser humano un sospechoso, a un potencial delincuente o a un enemigo encubierto.
No podemos andar por el mundo desconfiando del otro, dudando de los demás o lo que es peor expresando esa desconfianza a través de comentarios tendenciosos y pronósticos aventurados. Debemos recordar que las apariencias engañan, como nos enseña el viejo adagio, y que como en un espejo lo que creemos de nuestro interlocutor al mirarlo, eso mismo puede estar él creyendo de nosotros.